jueves, 30 de julio de 2015

El ciudadano Kane

Al ver El Ciudadano Kane, cuesta creer que sea una película del año 1941, asombro que se disminuye al final, cuando en los créditos aparece el nombre Orson Welles.  Este hombre es un ícono para la historia del cine, parece que no le bastó con haber revolucionado la radiodifusión, cuando mostró la adaptación que hizo de la novela Guerra de los Mundos, generando pánico real en los habitantes de New York y New Jersey, quienes corrían atemorizados por la supuesta invasión extraterrestre, que él narraba en su programa de ficción.

Tres años después, introdujo a la pantalla grande, una cinta que rompía con la cronología lineal, tradicional en el cine y mostró una historia contada desde el pasado, el presente y el futuro, en la que trascurre la vida de un magnate de la prensa.  Welles creó quizás la primera obra cinematográfica, enteramente elaboraba mediante la analépsis, técnica que le permitió detallar la historia alterando su secuencia, conectando momentos distintos, de diferentes épocas y trasladando acciones al pasado.

De esta forma suceden alternativamente, fragmentos que componen la historia completa, en un juego de tiempos que permite ver cómo es Charles Foster Kane, desde ese primer momento en la niñez, en que hereda la fortuna y la soledad, hasta el día de su muerte; pasando por dos fallidas relaciones sentimentales, un momento victorioso como director del  periódico Cronical, el éxito y el declive como figura política, el tiempo de amistad con Leland y los últimos años antes de partir. Aunque en realidad la trama sucede después de que él fallece, porque a un periodista se le ha encargado encontrar el significado de la última palabra que sus labios musitaron: “rousebe”.

Jerry Thompson, el periodista, aparece durante toda la película, pero sólo como una sombra que persigue el rastro de Kane, entrevistando a los seres queridos y no queridos que lo conocieron en vida. Es así como el director puso en la voz de los personajes, la narración de la historia, mostrando las imágenes de la forma como lo evocaban en las entrevistas.

“Rousebe” es la palabra que atraviesa la cinta completa, mientras Thompson trata de descubrirlo, se va haciendo un análisis biográfico de la vida de Kane. Pudo haber sido la estrategia de Welles para que aunque se presentara la obra en sentido no lineal, las personas pudieran seguir el hilo de la historia, pues aunque para los ojos entrenados de estas nuevas generaciones, puede no ser complejo entenderla, para los espectadores de su época se les presentó como una obra extraordinaria, y claro que lo fue, fue la primera obra increíble del resto que han sido creadas hasta hoy.

 El último tiempo, el último momento de esta historia, es ese en el que tenemos una experiencia estética con la obra y viene ella como respuesta a la expectativa que nos genera “rousebe”, a toparnos con que no puede resumirse la vida de un hombre en una palabra.