Según
la OMT (Organización mundial del turismo), “el turismo es un fenómeno social, cultural y económico
relacionado con el movimiento de las personas a lugares que se encuentran fuera
de su lugar de residencia habitual por motivos personales o de
negocios/profesionales. Estas personas se denominan visitantes (que pueden ser turistas o excursionistas; residentes o no residentes) y el turismo tiene que
ver con sus actividades, de las cuales algunas implican un gasto turístico.”
Por
ser esta una actividad de servicios, tiene condiciones propias como la
intangibilidad y la inseparabilidad, pues el turista sólo podrá recibir sus
beneficios insitu. Los servicios turísticos también son heterogéneos porque la
diversidad de destinos existentes, tipos de oferta y de demanda hacen imposible
estandarizarlos. Es condicionado por un
carácter perecedero, lo que significa que no se puede almacenar o conservar un
servicio turístico, es decir, con un ejemplo concreto: el asiento de avión que
no se vendió en un vuelo, o la cama de un hotel que no se ocupó en un día, no
se pueden recuperar.
También
se entiende que el turismo es un
fenómeno totalizador, porque el desplazamiento de un turista por un lugar,
genera impactos culturales y económicos no sólo a los prestadores de servicios
turísticos o a los atractivos, si no que cada elemento con el que él tiene
contacto, se ve afectado.
Sin
embargo existe un momento en el que todos estos elementos relacionados con el
turismo, toman orden y se compactan en un esquema al cual se denomina Producto Turístico.
Este
producto es una herramienta básica para la toma de decisiones en turismo, en la
que los actores involucrados son: el sector público, del cual dependen la
política turística, la infraestructura, la formación profesional, la imagen del
destino, las iniciativas de calidad y el apoyo en promoción; el sector privado genera ideas, desarrolla
proyectos y emprendimientos; y la población local conserva las tradiciones, contribuye
al entorno agradable y genera actitud positiva al turista. El producto se
realiza con un objetivo, según sea la necesidad o expectativa que tengan en el
destino y enfocándose en lo que los consumidores reales o potenciales deseen.
Inicialmente
el concepto de producto turístico se otorgaba a lo que hoy denominamos paquetes
turísticos; algunos autores como Middleton y Clarke, Krippendorf, Aragay y Grande,
y Arecenza lograron a través de sus estudios
ir redefiniendo un producto turístico, hasta que se logró llegar a un modelo en
el que se va más allá de definir un itinerario y
unos servicios básicos, ahora el producto se convierte en un insumo para el
diseño de paquetes turísticos, porque incluye un panorama completo, lo que el coordinador de planificación
y desarrollo sostenible del turismo colombiano ha denominado como una
radiografía de la situación real del
destino.
Es
cierto que un destino puede contener varios productos turísticos, pero esto se
ha convertido en una debilidad no sólo de los municipios que se contemplan en
el plan estratégico de turismo, sino que es una problemática regional,
condicionada por las características culturales Antioqueñas que definen que el
paisa tiende a sobrevalorar sus recursos y a tratar de enfocarse en todo tipo
de actividades, para complacer todo tipo de turista; lo que finalmente puede
llegar a generar impactos negativos, sobre todo mercadológicamente, ya que se
crea una imagen difusa del destino y no se logra posicionar en un concepto
específico, ni diferenciarse de otros destinos.
Y
esto no es sólo a nivel regional, es evidente que es problema en todo el país,
sobre todo por la diversidad del territorio Colombiano. Y como lo planteó el
doctor Manuel Izaguirre Sotomayor, perteneciente al observatorio turístico de
Perú, en el seminario Turismo con calidad
para la competitividad: “Colombia y Perú son países en los que la diversidad
sociocultural permitiría explotar el turismo en varias áreas (descanso,
cultural, religioso, deportivo, ecoturismo, etc.), pero es más eficiente
focalizarse en una manifestación del turismo para que se genere una marca país
que sea inconfundible, fácilmente distinguible y perceptible.”; y esto puede ser aplicable a cualquier entidad
territorial, no sólo país.
Por esto la
creación de estos productos turísticos es necesaria, cuando se piensa en
progreso turístico, y su implementación puede contribuir a la solución de otras
problemáticas o impulsar otros actores para que le apuesten al turismo. Cuando
se centra un objetivo sobre qué es lo que se quiere lograr con el turismo,
todos los elementos de la cadena productiva pueden generar acciones coordinadas
y crear un verdadero desarrollo armónico.
Para el caso de
los municipios del norte y nordeste a los que se les diseñará el producto
turístico, podrá esto acompañado de todas las actividades que se desarrollan en
la formulación del plan estratégico de turismo, ser el motor de impulso para
llegar a un posicionamiento de destino basado en condiciones reales.
Como conclusión
está la definición de producto turística presentada desde TurisTIC (2013) “Conjunto de bienes y servicios que conforman
la experiencia turística del visitante y que satisfacen sus necesidades. El
producto turístico incluye los atractivos del destino, así como las industrias
“soporte” de la actividad turística. Pero es un error pensar que el producto es
solo hotel + restaurante + recurso. Éste debe incluir el valor experiencial, ayudar
a vender el destino. La experiencia turística incluye el proceso de obtención
de información, la planeación y la reserva del viaje, la guianza, el
transporte, la interacción con la población local, y por supuesto el
compartir”.
