domingo, 17 de abril de 2016

Desperté

Desperté. Había chocolate caliente en un tazón en la mesa, pero no había nadie. Sonaba la mitad de una canción, estaba en el minuto treinta y dos, sintonizada en una emisora local. ¡Sonaba música, pero no había nadie! En la sala no había nadie, en mis recuerdos no había nada. Habían dejado la puerta del balcón entreabierta, me asomé, pero ya no había nadie. Estaba una cusca de cigarrillo apretada contra una lata negra, desfigurada por la fuerza con que fue pegada. Las cenizas todavía estaban calientes, pero no podía ver a nadie. Ni siquiera se veía nadie en la calle. El baño estaba húmedo, el suelo estaba sucio, el mueble tenía marcas de un sueño profundo. Nada estaba intacto, pero no había nadie. Siempre despierto cuando todos se han ido. Creo que camino muy lento y que el mundo va muy rápido.